11 junio, 2017 Sil

AR-Clarin-online- Historias de fracasos que se vuelven éxitos

El movimiento internacional Fuckup Nights, que promueve aprender de los errores, ya se replica en las empresas argentinas.

A Alejo Pérez Zarlenga la idea de tener un food truck para vender panchos gourmet le parecía genial. Tan genial que conformó una sociedad anónima `antes de vender un solo pancho`, cuenta desde el escenario de Fuckup Nights frente a 600 personas, ávidas de conocer el secreto de su éxito.
Ese entusiasmo desmedido le trajo muchos dolores de cabeza: desde invertir en tres camiones porque un tal `Hormiga` le había prometido presencia en todos los recitales de rock de la ciudad, para luego desaparecer; hasta pedir a un comprador interesado en la marca mucho más de lo razonable y perder el negocio. En pocas palabras, la historia de su primer emprendimiento, Hollywood Dogs, fue una historia de fracasos.

El movimiento Fuckup Nights comenzó en 2012 en México como una charla de amigos. Ahora se replica en 233 ciudades y se convirtió en una actividad motivacional para empleados de empresas.

Pero de los fracaso se aprende: hoy Pérez Zarlenga es dueño de la hamburguesería Williamsburg, elegida hace apenas dos semanas como `la mejor` de la ciudad en el concurso BA Capital Grastronómica, y está a punto de abrir un segundo local. `Aprendí que hay que escuchar a los que saben; que llegar muy temprano a un negocio es casi tan difícil como llegar muy tarde; que no hay que hacer cosas sin contrato y que nunca hay que perder de vista el retorno de la inversión`, reflexiona el emprendedor sobre el escenario.
El movimiento Fuckup Nights comenzó en 2012, en México, como una charla de amigos que cruzaban historias acerca de sus fracasos en proyectos y negocios. Ahora se replica en 233 ciudades de 77 países y llegó a las empresas como actividad motivacional para los empleados.
El formato consiste en que emprendedores o líderes de empresas cuentan la historia de alguna equivocación importante en su carrera, en seis minutos y a través de diez imágenes que, al pasar, le van poniendo ritmo a la exposición. Al finalizar cada exposición se abre el micrófono para las preguntas del público. `¿Cómo hiciste para recuperarte en ese momento?` `¿Cómo conseguiste que alguien invirtiera en tu proyecto?` `¿Qué tipo de socio hay que buscar?`, preguntan desde una audiencia compuesta por gran cantidad de jóvenes, muchos de ellos con proyectos que les traen, ante todo, dudas y dificultades.
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`A mí me pasa algo parecido`, le dice a Pérez Zarlenga desde su butaca Agostina Trovato, socióloga de 27 años, creadora de Get Wild!, una marca de indumentaria hecha con fibras de bambú natural. `También siento que llegué muy temprano al negocio`, agrega.
Trovato participa de Emprending, la comunidad emprendedora de la Facultad de Ingeniería de la UBA, y es activa escucha de este tipo de charlas. `Lo tomo como un aprendizaje`, dice. `Me decidí a dejar mi trabajo y empezar con el negocio después de una gran crisis personal`, cuenta. Y escuchar cómo otros superaron dificultades `es inspirador`, asegura.
Fuckup nights. Un público mayoritariamente joven asiste a los encuentros donde los exitosos cuentan lo que hicieron mal y qué aprendieron. Foto: Juano Tesone.

Vivimos en una cultura del éxito, pero detrás de cada éxito hay mucho trabajo, errores y fracasos, reflexiona María Laura García, presidente de Global News, una empresa de monitoreo y análisis de medios.
Ella también subió al escenario para contar su metida de pata: la mala elección de un socio y la falta de un plan B la llevaron a pensar que, a lo mejor, no estaba más para dirigir su empresa. Aprendí que no se puede hacer negocios con alguien que no comparte sus valores, saca, como lección, García.
El origen Hernán Schuster había dejado el mundo corporativo después de 16 años y quería comenzar su negocio propio, Spiquers, una agencia de conferencistas. `Empecé a ir a eventos de emprendedores, pero ahí todos hablaban de lo fantástico y lo maravilloso que es emprender. Yo había leído que el 90 % de las empresas muere en los primeros cinco años de ser creadas y eso no lo encontraba en ningún lado`, cuenta.
Buscando por Internet, se encontró con un libro sobre el fracaso y vio que estaba editado por Fuckup Nights de México. Quiso organizar algo parecido acá, se asoció con Alejandra Marcote, consultora en innovación, y obtuvieron la franquicia a fines de 2015. `Cuando entré en contacto con el movimiento me pareció muy interesante el estilo que tenían: cómo hablaban del fracaso no de manera solemne, sino graciosa`, dice Schuster.
Además de las ediciones abiertas de Fuckup Nights Buenos Aires, que son gratuitas y se hacen en el Centro Cultural San Martín, Schuster y Marcote también arman ediciones corporativas.
`Se pueden trabajar temas de liderazgo: cómo se maneja desde lo personal y lo grupal la relación con el error`, observa Marcote. Así, asegura, el líder se percibe como `mucho más cercano a la gente`.
En la empresa Sin conocer este movimiento, Verónica Carabajal, gerente de Talento para de Unilever Cono Sur, armó el evento #Mala mía. `Nuestras investigaciones sobre la generación Y (los nacidos entre 1980 y 1995) nos mostraban que tenían baja resiliencia y baja tolerancia a la frustración por el error. Quedaban paralizados`, cuenta la ejecutiva.
Así, en busca de `algo que alivie el tema del error` se les ocurrió usar un formato parecido al stand up. `Lo pensamos como un evento poco corporativo`, dice.
Por eso, lo organizaron la primera vez -en 2015- en un espacio de co-working y la segunda -el año pasado- en un teatro alternativo. `Lo que tiene de corporativo es que los que van a contar sus errores son directores de la empresa. El público es gente de adentro y gente de afuera, que elegimos a través de un concurso en redes sociales`, explica Carabajal.
Desde su punto de vista, este tipo de acciones `suman muchísimo porque estás dando un mensaje claro sin dar un discurso: la gente que te muestro es gente que se equivocó y tiene jerarquía. El mensaje tácito es que equivocarte no te impide seguir creciendo`, describe.
`Los directores eligieron de qué metida de pata hablar: hubo desde situaciones de expatriación con errores culturales grandes, hasta malas decisiones de carrera o malos manejos de equipo`, ejemplifica Carabajal.
`Es una estupidez no tener tolerancia al error porque es algo que indefectiblemente va a pasar`, reflexiona la ejecutiva. `Se trata de abrirle la puerta a lo que va a suceder para ver cómo vamos a lidiar con eso. No hacer apología del error, sino poner el eje en el aprendizaje`, agrega.
En el mismo sentido, el Banco Galicia organizó Aprender del error. `En el índice de liderazgo, que evalúa distintas variables, veíamos que el indicador de tolerancia al error no estaba en el nivel que queríamos`, detalla Antonella Scola, jefa de Comunicación Interna. La propuesta de Fuckup Nights `nos gustó porque que se trataba de cambiar el tono, para favorecer hablar de cosas que nos incomodan: el humor es una buena manera de encararlo`, observa..
Usando ese formato convocaron a dos oradores internos y dos externos, de distintos ámbitos. Como el encuentro iba a ser en el auditorio de la empresa, con cupos limitados, ofrecieron entradas a los empleados. `Se agotaron en una hora, indicador de que la organización necesitaba hablar de esto`, evalúa la ejecutiva.
`Al principio puede generar cierta incomodidad sacar cosas de debajo de la alfombra, pero contarlas es la única forma de seguir progresando,, dice Scola. El que nunca se equivoca, nunca innovó`, sentencia.
Las dos empresas piensan repetir el evento este año.